la ventana de mis sueños

Ya he dicho que hace mucho tiempo que debería haber dado el salto a estos lares blogosféricos porque es precisamente aquí donde descubro novedades tan interesantes como ésta.
Es una inserción demasiado vieja quizás, ya que Philips lo presentó en octubre —vale viejísma—. Sin embargo, cada vez que veo a la buena señora esta de la imagen pasar la mano por delante de la ventana para hacer que “crezcan” ramas con las que oscurece más más el ventanal…. sencillamente alucino. Hace mucho que los fabricantes estudian alternativas líquidas —por lo de cristal líquido supongo— para sustituir las típicas persianas de nuestras casas. Esas que siempre que cae pedrisco —o granizo, según zonas— acaban hechas añicos y convertidas en un queso gruyere colgado frente a tus ventanas.
En concepto de Philips es sencillamente perfecto. Que te molesta la luz que entra, pues nada, deslizas las manos por delante de la ventana en plan abracadabra y sin problemas porque al momento empiezan a crecer pámpanos y hojas que van cubriendo poco a poco toda la superficie hasta cegar casi por completo la entrada de luz. Lo mejor de todo, y dado que nadie estaría dispuesto a condenarse per secula seculorum a tener su ventana convertida en un jardín del edén, es que los ingenieros de Philips han previsto un sistema para autoconfigurar la ventana y las formas. Especular con qué podría aparecer al simple movimiento de manos puede ser quizá demasiado morboso pero siempre está la opción.
Además de las hojas y tal, el cristal juega también con la luz natural para conseguir tonalidades muy interesantes en plan colorterapia. Todas las que he visto hasta ahora son tonos cálidos pero también puede proyectar tonos más frío. Como he dicho, esta ventana es sin duda uno de esos productos con los que yo estaría encantado si lo tuviera en mi casa. Por el momento, parece que sólo se instalarán en escaparates y oficinas. ¿Para cuándo una versión home? jejeje
Más vale tarde que nunca
Como pongo en mi perfil, quien me conoce sabe que la tecnología y todo ese submundo lleno de exóticas piececitas de metal, cristal o —mucho más común— plástico, son parte misma de mi vida. De hecho, y hasta que no he entrado en una fase de autarquismo económico, raro era el mes que no me compraba cualquier cachivache que directamente me entraba por los ojos. Sí, soy de esos que llena la parte alta de los armarios de cajas de maquinitas tan útiles como una etiquetadora automática y demás cosas por el estilo. Sin embargo, y para sorpresa de uno mismo, debo ser de los pocos compañeros de mi promoción que no disponía de blog. Era un reto y por fin he decidido tener mi propio bolg de notas donde hablar sin presiones sobre aquellos aparatos que me parecen interesantes hasta el punto de que cuando reforme mi casa confío en que ya hayan bajado de precio para inundarlo todo con ellos.
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